En el 2019, a la República Dominicana le tocó ser el invitado de honor a la Feria del Libro de Madrid, una de las ferias del libro más importantes del mundo. Aquella fue una oportunidad que podía ser sumamente explotada a nuestro favor. Con eso en mente, en aquel entonces escribí el siguiente articulo:
¿Qué se logró en la
recién culminada Feria del Libro de Madrid, en la que nuestro país fue el
invitado de honor? ¿Qué beneficios se obtuvieron para nuestros escritores y
nuestra literatura? ¿Qué se puede lograr a partir de nuestra participación?
Estas preguntas deben
estar rondando por la cabeza de más de uno, pues, las expectativas esenciales
con el protagonismo que tuvo República Dominicana en el parque del Retiro,
estaban sobre las puertas, los caminos y las miradas que este evento podría abrir
a nuestra literatura, sobre la luz que podría obtener la opaca proyección
literaria de la que padecemos.
Tales puertas, tales
caminos, tales miradas y tal luz, estaban encomendadas a ser gestionadas por
todo el que participó en la Feria del Libro de Madrid, y así también lo
consideró el gran ausente, el escritor Junot Díaz, quien, en una entrevista a El
cultural, dijo que “tenemos
tantos escritores, poetas y eruditos asombrosos que espero que los que asistan
sean conscientes de los nombres y títulos de los que no pudieron asistir”.
Y es que, claro, no debería dudarse de que nuestras autoridades
culturales estaban ante la oportunidad de reivindicarse por la negligencia que
siempre han mostrado en el deber de trabajar por la proyección de nuestros
escritores, de nuestro arte literario. Era la FLM el escenario indicado para
gestionar el salto hacia el lugar que nuestra literatura necesita, para
colocarnos (o al menos acercarnos bastante) en los mercados editoriales más
relevantes del momento.
Si se mira todo el
panorama en el cual se desarrolló la República Dominicana en la pasada Feria
del Libro de Madrid, y las impresiones causadas a la prensa de ese país, podría
concluirse que se dieron las condiciones para lograr esos propósitos, y que al
parecer no quedamos mal parados, lo cual reduce las brechas para que se pueda
capitalizar todo aquello en favor de nuestro arte en los libros.
Aparentemente, de
entrada, íbamos con buena impresión, pues el mismo Manuel Gil, director de la
Feria del Libro de Madrid 2019, dijo a Efe que República Dominicana iba con una
“potencialidad absolutamente desconocida”; por otro lado, comentó que “República Dominicana tiene una generación de
escritores y escritoras que nos van a sorprender enormemente en Madrid”.
La visita de la reina Letizia al pabellón de la
República Dominicana en la feria, podría considerarse como otro factor
explotable en favor de nuestra literatura. El embajador por nuestro país en
España, Olivo Rodríguez Huerta (también responsable de que hayamos sido el invitado
de honor a esta feria del libro), y el ministro de cultura Eduardo Selman,
quienes acompañaron a la reina española en su visita, se aseguraron de
obsequiarle un pack de libros de autores dominicanos, lo cual representa un
gesto significativo en función de lo tratado en este artículo.
Otro hecho que favorece la proyección literaria de los
dominicanos, es la puesta en circulación de los libros «Conjugar el verbo
arena», «En el mismo trayecto del sol» y «Temblor de isla. Muestrario del
cuento dominicano».
El primero es una antología de poesía dominicana
actual, elaborada por la poeta española Verónica Aranda; el segundo es también
una antología de poesía que abarca 90 años (desde 1894 hasta 1984) de la
poética dominicana, en la cual trabajaron el escritor Plinio Chahín y la poeta
Rosa Silverio; el tercero, como indica su nombre, es una antología de cuentos
dominicanos del siglo XX, preparada por el escritor y ex ministro de cultura
José Rafael Lantigua.
Estos dos últimos libros fueron publicados por el
tradicional sello Huerga & Fierro Editores. La misma Charo Fierro estuvo en
el acto de presentación y manifestó su regocijo por tener la obra en el
catálogo de la empresa.
Otros eventos que puedo mencionar aquí como
favorecedores de la misión para proyectar nuestra literatura, son, entre otros,
la puesta en circulación del libro infantil de la ex miss universo Amelia Vega,
o el recital de poesía en el que el poeta Alexis Gómez exhortó a las
autoridades culturales de nuestro país a proponer la candidatura del escritor
Marcio Veloz Maggiolo a uno de los premios más importantes del mundo literario,
el Premio Miguel de Cervantes; o el tan comentado diálogo con el último del
boom latinoamericano, Mario Vargas Llosa, en el que se reveló que su próximo
libro, «Tiempos Recios», está basado en una idea que le contó el escritor
dominicano Tony Raful, y el cual, a su vez, estará dedicado al mismo Raful, a
la escritora Soledad Álvarez y al escritor Bernardo Vega.
Podría tirar por esos lares, pero prefiero ir
terminando este artículo refiriendo una publicación que, al culminar la feria, hizo
en el periódico ABC el periodista español Esteban Mira Caballos. Bajo el título
«Crónica de un éxito», destaca los aciertos de la participación dominicana en
la pasada feria del libro en España.
En su artículo, Mira Caballos señala que “las
autoridades dominicanas han puesto todo su empeño en dejar una huella
imborrable en Madrid”. Como actividades principales, refiere la conferencia
inaugural impartida por Frank Moya (de quien opina es el “historiador
dominicano de mayor proyección internacional”) y el mencionado diálogo con
Vargas Llosa, encabezado por Soledad Álvarez “en medio de una notable intención
mediática”.
Aquí, se pone en relieve que, el secretario del gremio
de libreros de Madrid, Pablo Bonet, expresó públicamente que el pabellón de República
Dominicana ha sido el mejor de la historia de la FLM. Para Mira Caballos, esta
“no es sólo una idea suya, sino que es una sensación generalizada entre todos
los que somos habituales en esta feria anual del libro”.
Entre sus últimas líneas, agrega que “miles de
españoles han descubierto en esta feria un país hermano que apenas conocían de
oídas y que identificaban con playas paradisiacas en Puerto Plata y La Romana”.
Es decir, que partiendo de lo hasta aquí expresado, puede
concluirse que las condiciones y circunstancias estuvieron y aún siguen dadas
para colocar nuestra literatura en un ángulo más favorable, más universal, con
mayor incidencia en el mercado editorial tradicional. Esa es una tarea de
nuestras autoridades culturales, tomar esta oportunidad y cumplir con el deber
que se les presenta. Ojalá sepan, puedan y quieran realizarla, pues es, además,
una deuda pendiente con este país.
Creo que aún estamos a tiempo de aprovechar las
oportunidades que allí se dieron.

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