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LAS REDES SOCIALES Y EL ESCRITOR DOMINICANO


Dentro de la cosmovisión literaria de muchos escritores dominicanos, aún existe (en distintas medidas, claro) una idea romántica sobre los espacios que debe ocupar la literatura. Para muchos, es inconcebible la literatura más allá de los libros, los periódicos y las revistas, porque han sido estos los principales medios tradicionales para su difusión y promoción.

Se toman la presencia de la literatura en las redes sociales casi como una traición a la obra, como un atentado contra su calidad, y se tiende a interpretar que el mayor interés del escritor es pavonearse por las redes, relegando su oficio como escritor a planos inferiores, aunque esto no necesariamente sea cierto en todos los casos.

Esta postura, entra en franca contradicción con las soluciones que se pretende dar al problema de la proyección y promoción de la literatura dominicana, problema que preocupa a la mayoría de los jóvenes escritores del patio, y que, sin las redes sociales, no será mucho lo que logremos en ese sentido.

Porque, digámoslo sin más dilación, tal como lo afirma la escritora Ana González Duque en su artículo 10 cosas que debes hacer en redes sociales como escritor: “Los escritores necesitamos visibilidad online y, a día de hoy, no hay nada que nos dé mayor visibilidad que nuestras redes sociales”; en ese sentido, asegura que “las redes sociales son la forma en la que nos comunicamos con el exterior”.

Es por ello que las redes sociales deben ser vistas como parte del conjunto de herramientas que nos ofrece nuestra época para llegar a los lectores que deseamos. De lo contrario, no seremos más que “unos tipos raros encerrados bajo tierra”.

El sitio web Exlibric, en su artículo Manual Básico de Redes Sociales para escritores, recoge que “las redes sociales te servirán para darte a conocer, para conseguir que la gente conozca que haces una presentación, para que lea una muestra de lo que escribes y para que cuando vea tu nombre en algún sitio te reconozca”. Luego, agrega que con las redes podrás hacer que los lectores “sepan lo que escribes, cómo eres, tus intereses, sirven para recibir opiniones y opinar e incluso para contactar con fuentes que te sirvan para tus historias”.

Por su lado, el escritor y bloguero Jaume Vicent, en su artículo Las redes sociales y el escritor, plantea que estas “son útiles para promocionar nuestros libros, para dar visibilidad a nuestros artículos y también para formar una base de lectores y de seguidores fieles dispuestos a comprar todas nuestras obras”.

Visto desde esa perspectiva, es evidente la potencialidad de las redes sociales como medios útiles para la proyección de nuestro trabajo, para ampliar el campo de alcance de nuestras obras, y como medios eficientes para llegar, con mayor facilidad y rapidez, a lectores de otras tierras. De ese modo, aquel romanticismo al que me referí en el primer párrafo, de cuentos, poemas, comentarios, artículos, reseñas, entrevistas, etc, publicados en espacios como periódicos, revistas y demás, puede y debe y ya tiene lugar en las redes sociales.

No tengo dudas de que, si muchos de los grandes escritores que hoy veneramos hubieran tenido ante ellos las herramientas digitales que poseemos nosotros, habrían hecho uso de ellas sin vacilar demasiado. Y es que, en su momento, echaron mano a todos los recursos que en su época les permitía tener visibilidad y proyección a sus obras, incluso a ellos mismos. Los ejemplos son numerosos, pero para no dejar de mencionar alguno, recordemos que Poe creó una revista con el fin de promover un tipo de literatura en específico, lo que hoy equivaldría a, por ejemplo, crear un grupo en Facebook para proyectar la literatura caribeña de género.

Por ello, es preciso entender que, como las redes sociales son elementos intrínsecos de nuestra época y nuestra generación, es natural que nuestro trabajo y nuestras obras tengan incidencias en ellas. Resistirnos a utilizarlas, sería algo así como que los escritores del siglo XV se hubieran negado a hacer uso de la imprenta para publicar sus obras, es decir, rechazar lo novedoso.

Es por eso que desde hace mucho tiempo creo en una idea que Vincent (2018) describe de la siguiente manera:

La historia nos ha dejado mucha correspondencia entre escritores, apasionados intercambios de cartas en los que hablaban sobre el arte, la escritura y sus vidas. Nosotros dejaremos conversaciones de Skype, hilos de Twitter y largos posts en Facebook. Bastante patético si lo comparas con el perdido arte epistolar, pero en el fondo es lo mismo.

(Agréguele ahí cualquier otra red social popular como Instagram, LinkedIn, etc.…, y, además, artículos en blogs -como este-, videos en YouTube y podcast y lecturas en Spotify).  

Sin embargo, no debe ocultarse que para un escritor, las redes sociales pueden convertirse en una trampa mortal. Es por ello que resulta preciso tener cuidado no sólo con el tiempo que le dedicamos, sino también con cómo las utilizamos: uno no debe lanzarse a lo loco hacia ellas.

Las redes sociales para un escritor, son como el anillo forjado por Sauron: si nosotros no controlamos su poder, su poder nos controlará a nosotros. Esto es porque, las redes sociales pueden ser una especie de sanguijuela que nos chupa el tiempo y las energías a una velocidad espantosa, muchas veces haciéndonos perder el norte, es decir, nuestro verdadero objetivo como escritores.

En 2015, el periodista Néstor Medrano entrevistó al escritor Basilio Belliard para el Listín Diario, y tras este preguntarle qué opinaba de las intervenciones de los intelectuales dominicanos en las redes, el escritor, entre muchas otras cosas que conviene leer directamente en la entrevista, dijo que la tecnología de las redes “son buenas pero sabiéndolas usar. Son medios, no fines”, y además afirmó que “te quitan el tiempo que necesitas para leer y escribir”.

Es decir, a pesar de que a las redes sociales las necesitamos para dar voz a lo que escribimos (González Duque, 2018), nunca debemos olvidar que son herramientas útiles para promover nuestro trabajo y alcanzar a un público. Como dijo Belliard: son un medio, no un fin. Nuestro fin esencial debe ser la obra, nuestro oficio como escritores, el cual debe pulirse constantemente, y parte imprescindible del trabajo de pulirlo es la lectura. Por ello, es importante saber priorizar, y nuestra incidencia en las redes sociales, aunque sea conveniente, jamás debe estar delante de escribir, y mucho menos de leer.

Así, a mi juicio, es en ese punto de entendimiento donde debe ubicarse el escritor dominicano, tanto como postura para aportar una solución importante al problema de nuestra proyección literaria, como para su propio desarrollo en una era en la que, a pesar de sus riesgos, las redes sociales son un poderoso puente entre el escritor y las personas, entre sus obras y el lector, siempre y cuando el uso de este puente sea cuidadoso e inteligente.

Comentarios

  1. Muy bien. Echo de menos un análisis más exhaustivo de sus peligros, pero sus virtudes están muy bien argumentadas.

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    1. Mmmmmm voy a cosiderar hacer una parte dos dónde hable de ellas. Gracias.

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  2. Respuestas
    1. Ángel, grato tu comentario conociendo lo fino de tu sentido crítico.

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  3. Muy bien, sigue adelante despertando los escritores perdidos y encajonados de nuestro país y el resto del planeta.

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    Respuestas
    1. No sé si esa sea mi misión, pero si ayudo a eso, mejor. Muchas gracias.

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