Todos los mares un verso es el primer poemario del poeta Joel Julio García. Debo decir de inmediato que, si bien es cierto que esta obra inaugura a Joel como autor publicado, también lo es que no lo hace como escritor y mucho menos como poeta. Lo conocí hace cinco años y ya entonces tenía avanzada su conciencia sobre el oficio y la poesía. Los poemas y reflexiones que creaba, los que ya tenía en ese momento, no me permitieron dudar de que estaba frente a un verdadero poeta, frente a un alquimista de la literatura.
Probablemente esta impresión es compartida con el poeta
cubano Alberto Garrido, a quien su interacción con Joel y su poesía le
permitieron concluir, en la contraportada de Todos los mares un verso,
que “leerlo es asomarse a la primera casa del poeta (la memoria), a otro
paisaje onírico y, sobre todo, a una voz auténtica que marca con su gubia un
territorio diferente en la literatura dominicana”.
Garrido ha dicho en la literatura dominicana, yo
quiero circunscribirlo, por ahora, a la poética dominicana.
La dominicana es una poética en donde prima,
esencialmente, una poesía del pensamiento, abstracta, social, que da la
impresión de que hacer poesía llana o sencilla, cercana al amor y al hombre
común, es una especie de inmadurez y atreverse a hacerlo en estos días es, como
diría el escritor Fernando Berroa, un acto de irreverencia.
Parafraseando al escritor Jorge Arzate Salgado, sabemos
que muchas veces los poetas recurren a las fórmulas exitosas para mantener
cierta presencia en el mundo literario; en el caso de Joel Julio García cada
uno de sus poemas es una apuesta distinta, tanto en forma como en fondo. Esto
no significa que en cada poema de Todos los mares un verso Joel explore
una forma y un fondo distinto, sino que, al tratarse de la construcción
consciente de un terreno poético distinto, cada poema es una pieza
independiente de una misma forma y un mismo fondo que van armando este nuevo
terreno poético.
Joel Julio García propone una poesía de la memoria que le
habla a la cotidianidad en un lenguaje surrealista simple. He ahí la base, la
premisa, de este terreno poético distinto en la poesía dominicana actual. Para
muestra, unos versos:
Mañana de verano (fragmento)
El sol era de tiza y salía por tus dedos (fragmento)
En estos versos la memoria queda revelada en ese volver a
los patios, en los ojos del tío Manuel, en la chichigua, en los amigos hablando
de ese relato en la universidad, en la recuperación de cada niño y en la
desaparecida (en La Romana, al menos) Plaza Hollywood. De su lado, el
surrealismo se manifiesta en las alas de azúcar, en los zapatos de la mar, en
la tristeza remando por los mencionados ojos del tío Manuel, en ese ser
chichigua, en el sol de tiza saliendo por los dedos de la muchacha y en esa
calle que conduce al mañana. La cotidianidad está presente en los hechos que
recrean los versos, hechos que pueden ser o que pudieron haber sido de
cualquier persona, desde el más sencillo y anónimo ser humano hasta el más
culto y elevado personaje; son escenas de cada uno de nosotros o de alguien
allegado a nosotros. Está, además, en el vocabulario escogido, uno simple, uno
que dentro de su formalidad es utilizado en el argot popular y en el habla del
día a día: nadie necesitará de diccionarios para saber qué significa alguna de
estas palabras.
Para que no quede dudas, veamos otros versos:
El árbol (fragmento)
Aluna (fragmento)
De este modo Joel se presenta, no como un Octavio Paz, un
César Vallejo o un Rubén Darío (poetas normalmente para poetas o
intelectuales), sino como una especie de Juan Gelman, Ángel González o Jaime
Sabines (poetas primero para la gente común y luego para poetas), y así como
este último tiene sus antecesores mexicanos en Guillermo Prieto, Juan de Dios
Peza, Renato Leduc y Manuel Maples Arce, Joel encuentra los dominicanos en René
del Risco Bermúdez y Enriquillo Sánchez. Estos poetas criollos también, como
Joel, dialogan en sus versos con la memoria y la cotidianidad, la diferencia
radica en que no suelen utilizar esas altas dosis de surrealismo simple sobre
el cual Joel construye sus poemas, siendo este el elemento, el añadido, que le
permite levantar su discurso poético como esa gubia con la que va dándole forma
a un terreno auténtico y diferente.
Es así, entonces, cómo Joel ha decidido desde dónde
cantar, ha iniciado esa búsqueda que cada poeta realiza a su manera, tal y como
refiere el poeta español Joan Margarit.
Es necesario decir que este nuevo territorio que Joel
crea en la poética dominicana actual no pretende atraer otros residentes
—aunque no se niega a recibirlos si así lo quisieran—, sino que es, primero y
sobre todo, un territorio propio que se irá ampliando en la medida en que Joel
escriba/publique. Estamos, entonces, ante un poeta (como dijo la escritora
Guadalupe Flores Liera sobre Jaime Sabines) que escribe como un acto de
afirmación en el mundo, que quiere convencernos de que es un hombre común y
corriente, sólo que con un poco menos de piel, y que reafirma a la poesía como un
acontecimiento humano que se encuentra en todos los escenarios: la calle, la
escuela, el parque, el burdel, el hospital, el cine, la habitación, donde la
vida ocurre igual que la poesía, impúdica, sorpresivamente, a todas horas.
Para hacerlo Joel supo que era naturalmente necesario no llamar
la atención mediante los recursos del intelecto, sino ser claro, alejarse del estereotipo
y, en la construcción de su territorio, no buscar manifestar prioritariamente
un credo, sino ahondar en la intuición de que todo es poesía en el mundo. Así,
al igual que Sabines en su momento en México, Joel ha conseguido devolver a la
poesía dominicana actual al lugar en donde se produce, que es la vida de todos
los días, y la ha hecho hablar en el idioma de la cotidianidad, solo que en él esta
viene vestida del más sencillo y claro surrealismo.
Todos los mares un verso es un poemario que, pese a ser construido bajo la mirada de la poesía de la memoria que le habla a la cotidianidad en un lenguaje surrealista y simple, en su actitud hace recordar el simbolismo cuando propugnaba, en palabras del poeta Joel Rivera, la autonomía de la palabra poética, defendiendo la idea de que debía emanciparse de la lógica y la gramática para alcanzar la plena autonomía a través de sus valores intrínsecos musicales y vocales.
Dicha autonomía le permitió a Joel Julio García la
creación de este territorio poético diferente y propio que muestra una
cuidadosa búsqueda estilística y un carácter decididamente meditado e
impredecible. De ahí que lograra (como dijera el escritor mexicano David Anuar
González también al referirse a Sabines) esta poesía coloquial, conversacional,
exteriorista, antipoesía, en fin, esa que bajó a la poesía del pedestal del
Olimpo al pesebre de la tierra dominicana.
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TEXTOS CITADOS
Arzate Salgado, J.
(2022). Morir en vano o el imaginario del silencio. En H. Monsalve, Morir
en vano (págs. 11-15). Guadalajara: Typotaller Ediciones.
Barja Cuyutupa, E. (2020). De la razón poética en De los peces la sed de
Silvia Goldman. EXÉGESIS, 165-170.
Berroa, F. (16 de octubre de 2022). La poesía de Orlando Muñoz. acento.
Flores Liera, G. (2005). Prólogo. En J. Sabines, Antología Poética
(págs. 6-9). Santiago: Fondo de Cultura Económica.
García, J. J. (2022). Todos los mares un verso. Santo Domingo:
Editorial Poetas de la Era.
Garrido, A. (2022). Contraportada. En J. J. García, Todos los mares un
verso. Santo Domingo: Editorial Poetas de la Era.
González Vázquez, D. A. (2015). Una aproximación al tiempo en la poesía
de Jaime Sabines. Temas Antropológicos. Revista Científica de
Investigaciones Regionales, 159-166.
Margarit, J. (2004). El primer frío. Madrid: Visor.
Rivera, J. (2020). Poema y poesía en El oráculo ardiendo de Juan
Hernández Inirio. CUADRIVIUM, 113-116.



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